martes, 1 de abril de 2014

[No.

Nos sentimos un poco solos aquella noche,
cuando nuestros caminos decidieron,
sin tomar en cuenta los sentimientos,
separarse en dos vertientes. 

Llegaremos a un mismo mar,
siguiendo la misma poesía.
Atrapando el mismo momento,
un recuerdo, el silencio. 
Callados, sin nada que decir.
Lejos, pero a la vez unidos.
Llegaremos,
o eso decidimos creer. 

El pecho se hunde con 
el crepitar de nuestra hoguera.
Que ya está apagada. 
Que ya está apagada. 
La luna se siente triste
al mirar el color de nuestros ojos,
oscuros e indomables, 
como el alma que algún día tuvimos. 

Son golpes en reposo.
Creando tensión en cada nota. 
Manteniendo la emoción 
de aquel entonces,
el que nos hizo fuertes,
también débiles. 
Manteniendo la pasión,
sí, querido, aquella perdida. 

Y decidimos coger un pequeño pincel
y pintar con ilusión el final del camino.
No queríamos engaños; ilusos. 
Lo peor lo tenía guardado el destino. 
Así nos abrazamos al silencio eterno,
con la oscuridad acompañándolo.

Tuvimos claro como acabaría, 
sin haber leído la última página. 
Nos miramos a los ojos y,
sonriendo,
entendimos que aquel mundo...
Simplemente no era el nuestro. 

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